|
|
|
PROSELYTISME FASCISTE
" Vous ne laverez point de tout votre sang
noir
Tout le juste sang du poète. "
Mikhaïl Iourievitch LERMONTOV
Ces lignes, écrites en 1969, sont demeurées inédites.
Je crois utile de les reproduire en raison de leur ancienneté
même, car notre monde évolue très vite, et il
est bon de rappeler aux générations plus jeunes l’acharnement
que mit la Phalange (principal pilier idéologique de la dictature
franquiste) à " récupérer " l’œuvre,
la vie et même la mort de Lorca - comme celles de Machado
et de bien d’autres d’ailleurs - au prix de contorsions
intellectuelles, d’omissions, d’approximations grossières
et de falsifications, dont le texte reproduit ci-dessous, est un
spécimen représentatif. A ma connaissance, cette intervention
d’Ernesto Giménez Caballero n’a jamais été
commentée à ce jour.
Dans son numéro 227 du mois de février 1967, la revue
madrilène Mundo Hispánico se faisait l’écho
d’un événement littéraire et artistique:
la commémoration du trentième anniversaire de la mort
de Federico García Lorca, assassiné près de
Grenade en août 1936, un mois après le soulèvement
nationaliste contre les institutions légales de la République
espagnole. En soi cet événement n’aurait rien
eu de très exceptionnel. J’entends par là que
1966 fut de par le monde une année " lorquienne ",
et que ses anciens amis et ses admirateurs de toujours, et de tous
les pays, en profitèrent alors pour rendre hommage à
la mémoire du poète andalou. Mais la chose prend toute
son importance quand on sait que l’auteur de l’article
en question n’est autre que l’éminent diplomate
Ernesto Giménez Caballero, ambassadeur d’Espagne au
Paraguay... et véritable fondateur du fascisme espagnol !
C’est grâce à la " maîtresse plume
" de ce haut fonctionnaire franquiste que les lecteurs de Mundo
Hispánico ont ainsi eu " l’insigne privilège
de connaître... la trajectoire de l’hommage rendu à
la mémoire de Federico dans la bien-aimée capitale
du Paraguay: Asunción ". Comment s’étonner,
dès lors, que, très vite, la circonstance serve de
prétexte à des périodes enflammées,
d’une objectivité plus que douteuse, qui font de ce
compte rendu l’exemple parfait de la mauvaise foi en matière
de politique ?
GIMÉNEZ CABALLERO EVOCA A GARCIA LORCA EN ASUNCION
DEL PARAGUAY
" La significación poética de Federico García
Lorca en Iberoamérica sólo puede definirse diciendo
que es, si no mayor, pareja por lo menos con la alcanzada por el
poeta en la propia España que le vio nacer. En todos los
países de allá se le ha recordado emocionadamente
en los treinta años de su muerte. Nuestros lectores tienen
la valiosa oportunidad de conocer a continuación, narrada
por la pluma maestra de Ernesto Giménez Caballero, la trayectoria
del tributo rendido a la memoria de Federico en la bien-amada ciudad
de la Asuncón del Paraguay. Dice Giménez Caballero:
- Cuando en esta Asunción del Paraguay el democristiano y
admirado amigo Irala Burgos abrió la Conmemoración
de Federico García Lorca, organizada por la Sociedad "
Amigos del Arte ", que preside el doctor Héctor Blas
Ruiz, convocando a todos los poetas del país a un "
Certamen " de evocaciones y llantos por los treinta años
de la muerte del poeta tomé conmovida nota de sus reivindicatorias
palabras, tan dispares de aquellas con que algunos " cedistas
" o correligionarios de la época de Federico lo enjuiciaron.
Palabras que hube, por eso, de destacar en la clausura de dicha
conmemoración, a mí encomendada, así como al
juzgar y premiar los mejores poemas presentados, y revelar lo que
allí - ¿ allí sólo ? - nadie sabía:
el misterio de la muerte, un 19 de agosto de 1936, en el granadino
Biznar, cerca de su pueblo, Fuente Vaqueros, donde Lorca había
ido a apartarse - según sus propias palabras - " de
la lucha de las banderías y las salvajadas " que trae
toda guerra civil.
La muerte de Federico García Lorca, desde entonces hasta
ahora, que estamos los españoles dispuestos a aclararla -
como ha comenzado ya el diario ABC de Madrid oportuna y noblemente
-, había venido siendo para la España victoriosa una
como acusación pertinaz e insidiosa. Dijo verdad Edgar Neville,
en ese periódico aludido, al señalar el error de dejarse
arrebatar la bandera de su cadáver por gentes que no eran
ni amigos del poeta. " Tanto más - añadía
- que a Federico lo mató el desorden de los primeros momentos,
cuando los malvados de cada campo aprovecharon el barullo para saciar
sus instintos y vengarse de sus enemigos o del éxito ajeno
". Por lo que constituyó " un crimen pueblerino...
casi personal.., como lo fuera en el otro lado el de millares de
inocentes, algunos de ellos poetas y también autores, escritores
que nada tenían que ver con la política ni querían
saber nada de ella ". " Su vida - exclamó Pemán
también en dicha publicación - fue estúpidamente
tronchada ". Y José Luis Cano: " por una patrulla
desalmada ".
Pero lo que no se ha revelado todavía - y es lo que definitivamente
se debe ya saber - es que, además de todos esos bajos móviles
" pueblerinos ", " personales " y " desalmados
" había uno de orden superior: el de pertenecer Federico
a un movimiento poético y espiritual que cristalizaría
en política con el nombre de " falangismo " o sea,
en una " nueva guardia de la civilidad " en peligro.
Resulta ya algo objetivo e histórico que Federico fue muerto
por su revolucionaria poesía social y nacional. Como un nuevo
guardia " civil " de una España en resurgimiento
ante la otra que se derrumbaba con todas sus instituciones, entre
ellas su debilitada Benemérita. Y que esta España
nueva, joven, mártir, heroica y poética salvaría,
como adivinó otro camarada de Federico, - también
nada sospechoso - Gerardo Diego, al proponer un nuevo génesis:
" Con las ruinas, - con los tablones, - con los mismos ladrillos,
con las derruidas piedras, - levantaremos de nuevo nuestros mundos
".
Federico fue muerto como lo fue José Antonio, que adoraba
recitar fervorosamente la poesía lorquiana, sintiéndole
un camarada en ciernes, en busca interpretativa de aquella generación
llamada de 1927, y que tuve la gloria de reunir ese año -
el de la revalorización de Góngora - en mi Gaceta
Literaria, donde Federico colaboraba con Alberti, Ledesma Ramos,
Juan Aparicio, Miguel Hernández, Bergamín, Basterra,
Guillermo de Torre - secretario de tal publicación -, Dalí,
Buñuel, César M. Arconada, Jorge Guillén, Dámaso,
Gerardo Diego, Aleixandre, Cernuda, Altolaguirre, Villalón,
Antonio Espina, Edgar Neville... y los mejores y más vanguardistas
poetas y prosistas de toda América. Revista leída
ávidamente por José Antonio y donde apareció
mi primer " Manifiesto " o " Carta a los camaradas
de una joven España " por 1930, antes de llegar el sismo
de la contienda que todo lo alteraría menos aquel impulso
originario y unánime. (Cuatro estudios internacionales ha
merecido ya esa Gaceta Literaria en la que habrá de descubrirse
un día cercano la raíz de la España y la América
venideras ).
Comunes fueron nuestros maestros: Ortega, el inolvidable padrino
e impulsor de nuestra revista y generación; Antonio Machado
y Juan Ramón, los poetas numénicos; Menéndez
Pidal, Baroja, Azorín, Maeztu, Marañón, incitadores
magistrales. Y todos los espíritus europeos, americanos y
rusos que pudieran conducirnos a lo que aquella generación
del 27 preparaba, como consecuencia madura y revolucionaria de un
lento proceso anterior frente a la decadencia hispánica,
y que arrancaba en nuestras letras desde las defensas cristianas
de un Quevedo y un Saavedra Fajardo en el XVII, las heroicas e ilustradas
de un Jovellanos y un Cadalso en el XVIII y las románticas
y desesperadas de un Ganivet y de un Larra en el XIX. Proceso que
comportaba como finalidad sublime: el de lograr un Resurgimiento;
a base de los dos gérmenes que Lorca, precisamente, cuajó
en su poesía como ninguno de sus coetáneos: lo nacional
y lo social. Tradición y Revolución. El genio - o
duende - de España puesto al día.
El hubiera sido el Lírico de nuestro movimiento (" Los
gitanos forjan en sus fraguas soles y flechas "). Puesto que
luego asumiría en forma oficial ya, y con mando, Dionisio
Ridruejo. Lorca: " Intérprete del alma popular colectiva
", como apuntara Angel Valbuena. El alma de nuestro momento.
Sí. El ímpetu social y revolucionario de nuestra generación
Federico lo plasmó en su poesía de infinita piedad
por los humildes, débiles y perseguidos que todos sentíamos
y nos daba cariz de extremistas, cuando era precisamente el hacer
resurgir la tradición cristiana de un pueblo como el español,
grande mientras fue católico de veras, universalmente humano,
de una democracia radical y misional.
El pueblo. ¡ Qué veneración la de Federico y
la nuestra por nuestro pueblo ! Que un día - hoy - "
le llevaríamos arriba ", como Lorca quería para
su teatro: " Yo espero para el teatro la llegada de la luz
de arriba siempre. Del paraíso. En cuanto los de arriba bajen
al patio de butacas, todo estará resuelto. En este momento
dramático del mundo, el artista debe llorar y reír
con su pueblo ".
Federico lo declaró en la Gaceta Literaria: "
Yo creo que el ser granadino me inclina a la compasión del
perseguido ". De ahí su misericordia por el gitano,
el negro, el judío, el indio, el niño, la doncella
mártir Olalla, Marianita Pineda, o solterona (doña
Rosita), o loca (doña Juana), o los toreros caídos
(Sánchez Mejías), o los insectos aplastados. ¡
Unción de poverello, oh Federico !
De ahí que cuando llega a Nueva York por 1929-30 (Navidad
en el Hudson, Nacimiento de Cristo) diese el mismo grito hacia
Roma que dimos nosotros, por esas fechas, en nuestra Roma Madre,
buscando, como él, un himno de amanecer. " La aurora
llega, pero nadie la recibe en la boca, porque allí (Nueva
York) no hay mañana ni esperanza ". " Poemas narrativos
y disciplinados aquellos - afirmaría Luis Felipe Vivanco
- en la misma línea mediterránea y hasta católica
de sus grandes odas A Salvador Dalí y Al Santísimo
Sacramento. Y su devoción por Manuel de Falla, el piadoso
músico granadino. "
Para Lorca la inspiración era como la de " los místicos
que trabajaban cuando ya la inefable paloma del Espíritu
Santo abandonaba las celdas y se iba perdiendo por las nubes ".
===
Por eso, cuando en la conmemoración asuncena de su muerte
me pidiera la pintora Lotte Schulz algo para evocarla, junto a unas
azucenas y una guitarra yo escarolé dos pares de banderillas
de lujo, de las que yo hacía en mi adolescencia también
entre toreros y gitanos por las vegas toledanas, " unas banderillas
que parecieran cirios encendidos de oro y carmín y de colorado
y azul y blanco, como nuestras banderas, y me recordaran aquellos
dibujos que Federico me regalaba con sus autógrafos y poemas
y que la Revolución me arrebató en Madrid ".
===
Una noche, en Granada, durante nuestra guerra civil de España,
añorábamos a Federico en un Carmen: " Verde que
te quiero verde. - ¡ Vivo ! ¡ Bajo la luna gitana !
- Las cosas le están mirando - y él no puede mirarlas
".
Estábamos su gran camarada y protector y no menor gran poeta
el falangista Luis Rosales, que tanto sabía y sabe de aquella
muerte. Estábamos Rosales, el coronel, y luego general, Martínez
Simancas, defensor del Alcázar de Toledo; el benedictino
fray Pérez de Urbel, mi esposa y yo. Y, como si su espíritu
nos iluminara, dejamos de recordarle indefinidamente en lo anecdótico
para llegar a su definición esencial poética, la de
un clásico, la perennidad asegurada. Y no por la propaganda
ominosa política de forzosos y circunstanciales admiradores,
sino por haber encarnado la lírica primordial andaluza del
Zejel, del estribillo coro o voz colectiva, la de Ben Guzmán
y Mocadem el de Cabra. Y a la par la varonía heroica de nuestro
Romancero y de poetas áureos como Gil Vicente, San Juan de
la Cruz, Lope, Calderón y el sublime Góngora. Lorca
había conseguido - recuerdo que yo afirmé - una revolución
con lo más tradicional de España utilizando imágenes,
voces y temas más allá de todos los futurismos, vanguardismos
y surrealismos entonces al uso. Si San Juan de la Cruz - su gran
admirado poeta de la Noche oscura del alma - había descubierto
para siempre que " la libertad estaba en la sumisión
", Lorca había encontrado su " liberación
" en sus " ansias de formas y de límites ".
Poesía reelaborada la suya. Laboral, artesanal, manual, de
cestería y de alfarería gitana. Como alguien explicaría:
" Fra Angélico, pasado por el ambiente de Murillo, se
reelaboró en el Albaicín simbólico de la poesía
mística y castiza del granadino Lorca ".
Nosotros sabíamos ya entonces, a raíz de su muerte,
la universalidad de su poesía, capaz de soportar todo, vencer
toda ignominia. Y la dejamos partir a hombros de alas oscuras y
que robaran su inexistente cadáver los luciferes internacionales
de la infamia y la tergiversación. Le dejamos partir con
toda conciencia. Porque si no hubiera sido así, ¿
habría descubierto el mundo a Federico ? ¿ Se le lloraría
aún, de este modo, a los treinta años de su muerte
?
El caso Lorca ha sido, en cierta manera, el caso de aquel Bartolomé
de las Casas, que se hizo famoso no tanto por lo que hablara de
la " destrucción de las Indias " por los conquistadores
españoles, sino porque era un español el que proporcionaba
esa bandera. También hemos debido esperar, no años
- como en Lorca -, sino siglos, para que, al fin, un Menéndez
Pidal, valientemente, colocara a las Casas en sus casillas, de las
que se había salido, y a la obra de España en América
sobre su sitio. Inmortal.
Así, ahora con Federico. Tras treinta años de arrastrar
su cadáver tantos antiespañoles, más desalmados
que aquellos que lo enterraron aún no sabemos dónde,
ha llegado la hora de la verdad lorquiana y nuestra, y de todos
sus admiradores mundiales. De las manos abiertas de amor y no de
los puños en odio. Y de ser conducidos sus despojos - si
un día los encontramos - no a la muslime Alhambra de turistas
y kodaks donde puede alzársele una estela, sino al valle
nacional y universo catolicísimo de todos nuestros caídos.
Los humildes y los grandes. Junto a José Antonio. Y junto
a los mejores camaradas de un lado y del otro. Hoy, otra vez, hermanos
".
C’est sur un ton hypocritement larmoyant que Giménez
Caballero essaie de faire revivre ces manifestations sud-américaines
au cours desquelles " tous les poètes du pays "
furent invités à " évoquer et pleurer
" le souvenir de Lorca. Mais, rapidement, son rôle à
lui, messager de Franco, apparaît clairement. Il s’est
agi, le moment venu, de " révéler... ce que tout
le monde ignorait ": le mystère de la mort du poète,
" près de son village, où il était allé
se tenir à l’écart " - et l’auteur
cite Lorca - " de la lutte des factions et des sauvageries
" qu’entraîne toute guerre civile. Je ne discuterai
pas de l’authenticité de ces paroles (ni du contexte
dans lequel elles furent, éventuellement, prononcées),
et le fait est que le poète, après avoir hésité,
avait cru bon de quitter Madrid, pensant qu’il serait plus
à l’abri chez lui, parmi les siens, à Grenade.
Il se sentait menacé par la rébellion armée
et ses craintes n’étaient que trop fondées:
n’avait-il pas participé activement, depuis le début
de cette année fatidique, à plusieurs réunions
et manifestations antifascistes ? En ces mois qui précèdent
le conflit " la politización de los intelectuales es
casi total, en su gran mayoría inclinados a la izquierda,
desde el republicanismo liberal al marxismo ". Loin de moi,
cependant, l’idée de vouloir faire de Lorca un militant
au sens le plus politisé du terme. Il n’en demeure
pas moins que, comme poète et comme auteur dramatique, il
s’était depuis fort longtemps engagé dans la
lutte sociale aux côtés des plus déshérités.
Et l’on ne saurait sérieusement contester le caractère
profondément revendicatif d’une grande partie de son
œuvre en prose ou en vers. Par ailleurs, ses déclarations
n’ont jamais laissé le moindre doute sur son idéal
humanitaire, et, parlant de Rafael Alberti dont la poésie
engagée reflétait la pensée politique du communiste
qu’il était devenu, ne disait-il pas: " Alberti
es una gran figura. Yo sé que es sincera su poesía
actual. Aparte de la admiración que siempre sentí
por el poeta, ahora me inspira un gran respeto ".
Et c’est cet homme-là que Giménez Caballero
voudrait embrigader dans ce " mouvement poétique et
spirituel qui allait cristalliser en politique sous le nom de PHALANGISME
" ! Il y a longtemps que le ridicule ne tue plus, et c’est
bien dommage. Ou bien s’agirait-il d’une aberration
nuancée de cynisme ? Giménez Caballero a-t-il vraiment
cru qu’il était possible de faire avaler de telles
couleuvres ? Sa " candeur " pourrait prêter à
sourire si l’on n’était conscient du mal que
des propos aussi venimeux sont susceptibles de causer sur des esprits
peu ou mal informés. Car don Ernesto repart de plus belle
et, à l’appui de sa thèse, nous parle de l’équipe
- le mot " phalange " lui brûle la langue ! - qu’il
eut " la gloire de réunir " dans la Gaceta Literaria
dont il était le directeur. Et de citer en vrac - très
habilement - Alberti, Ledesma Ramos, Miguel Hernández, Bergamín,
Guillermo de Torre, Dalí, Buñuel, Jorge Guillén...
et quelques autres. Mais à vouloir trop prouver... Pourquoi
Lorca aurait-il partagé les idées de Ledesma Ramos,
" l’homme à la mèche à la Hitler
" , " le premier des fascistes espagnols ", plutôt
que celles de Miguel Hernández, mort en 1942 dans les geôles
franquistes, de Buñuel, dont les films ont toujours été
interdits en Espagne, du communiste Alberti ou du catholique libéral
José Bergamín, tous deux exilés ?
En réalité, et nul ne l’ignore, ces jeunes gens,
réunis sous l’étiquette de " génération
de 1927 ", formaient simplement l’avant-garde des lettres
et des arts de cette époque-là. Qu’il en soit
sorti plus tard des hommes engagés politiquement, rien que
de très normal. Mais ce n’est pas en établissant
un parallèle entre la mort de Lorca et celle de José
Antonio Primo de Rivera " qui adorait réciter avec ferveur
la poésie lorquienne ", que Giménez Caballero
atteindra son but. Que pouvait-il exister de commun entre le pacifique
poète de Grenade - " Ser bueno: he ahí lo esencial
"- et l’admirateur de Mussolini et Hitler pour qui la
seule dialectique admissible était celle " des poings
et des pistolets " ? La meilleure spécialiste française
des questions lorquiennes, Marie Laffranque, a dit avec suffisamment
de clarté ce qu’il fallait penser de telles allégations
pour que j’insiste davantage.
Faire des admirateurs de Góngora les précurseurs du
" Mouvement National ", voilà qui laisse songeur;
mais que penser alors de la part prépondérante prise
dans ce " processus de rénovation nationale " par
" les esprits européens, américains... et russes
(sic) " ? Il est vrai qu’ils étaient en bonne
compagnie puisque Giménez Caballero se réclame de
Juan Ramón Jiménez et Antonio Machado... tous deux
morts en exil comme chacun sait !
Cet enrôlement systématique sous le drapeau fasciste
d’êtres qui ont combattu, par leurs écrits ou
par leurs actes - et parfois les deux en même temps (Miguel
Hernández) - tout ce qu’il représentait et représente
encore, est rien moins que déplaisant. Cela n’est pas
pour gêner le diplomate franquiste qui, sur sa lancée,
s’adonne aux plaisirs du délire prophétique,
ne reculant devant aucune interprétation tendancieuse pour
justifier ses dons de pythonisse à retardement.
Et voici Lorca transformé en barde de la dictature ! "
Il aurait été le lyrique de notre mouvement... poste
que devait assumer plus tard, officiellement et avec autorité,
Dionisio Ridruejo ". Mais il ne suffit pas d’affirmer,
Giménez Caballero veut prouver. Et il prouve: par une déformation
délibérée (?) du sens des textes lorquiens
qui lui permet d’attribuer au poète des idées
politiques, sociales et religieuses que toute son œuvre dément.
Le résultat frise à tout instant le ridicule. La force
de l’habitude...
Toujours est-il que, par la grâce du " fin " politicien
- on ne peut, certes pas, en dire autant du commentateur ! - voici
que les gitans lorquiens rejoignent dans les rangs fascistes leur
créateur. Ne forgent-ils pas des " soleils et des flèches
" ? Peu importe, après tout, que, sous cette double
métaphore, Lorca fasse allusion aux chaudrons et aux poignards
qui, avec les paniers d’osier, forment l’essentiel de
l’industrie gitane traditionnelle ! Giménez Caballero
n’en est pas à une élucubration près;
aussi lui est-il aisé de voir dans l’un des poèmes
du recueil Poeta en Nueva York, intitulé Grito
hacia Roma, ce qui ne s’y trouve pas, à savoir
la piété de Federico García Lorca ! Dans cette
ode manifestement irreligieuse où le poète, avec une
virulence extrême, vitupère contre le Pape et sa passivité
face aux grandes misères du monde, il se permet d'assimiler
l’inspiration lorquienne à celle des " mystiques
qui travaillaient quand l’ineffable colombe du Saint-Esprit
quittait déjà les cellules et se perdait dans les
nuages "; le mysticisme de Lorca ! Rien ne nous aura été
épargné... Aussi est-ce avec reconnaissance que nous
noterons, au passage, l’amour - reconnu par tous - du poète
pour son peuple... amour évidemment partagé par les
phalangistes ! " Le peuple. Ah, la vénération
de Federico, et la nôtre, pour notre peuple ! ". On ne
saurait être plus cynique. Sans exiger de qui que ce soit
d’avoir une âme de missionnaire, on aimerait savoir
ce que la Phalange espagnole a fait pour le peuple espagnol, qui
puisse être comparé à la moindre des velléités
de Lorca. Et je n’insisterai même pas sur l’action
effective du poète, son théâtre itinérant
de " La Barraca ", ses prises de position successives
et toujours favorables aux classes les plus malheureuses, sa légendaire
bonté qui, dès son plus jeune âge, le conduisait
à venir en aide aux nécessiteux. A quoi bon ? Ce serait
établir entre lui et Giménez Caballero - et tous ceux
qui partagent son idéologie - un parallèle qui serait,
de toutes manières, offensant pour l’Espagnol le plus
universellement admiré de nos jours.
Un parallèle que, pour sa part, le diplomate franquiste cherche
à établir par tous les moyens. Et Dieu - ou le Diable,
selon une alternative lorquienne (22) ! - sait combien son imagination
est fertile... Le voici parlant de sa jeunesse, passée "
elle aussi " parmi les toreros et les gitans; de " ces
dessins que Federico m’offrait avec ses autographes et ses
poèmes et qui me furent arrachés par la Révolution
"; de " son grand camarade et protecteur, et non moins
grand poète, le phalangiste Luis Rosales qui sait tant de
choses sur sa mort "; de saint Jean de la Croix, " le
grand poète qu’il (Lorca) admirait tant ", et
que sais-je encore...
Partant du principe que " qui se ressemble s’assemble
" ... et le prenant à l’envers, Giménez
Caballero affirme donc qu’il suffit d’aimer la poésie
de saint Jean de la Croix pour être un mystique, de vivre
en Andalousie pour être fait à l’image de l’un
de ses enfants, de recevoir la dédicace d’un auteur
pour lui faire partager ses propres idées ! Le simplisme
d’un tel procédé, utilisé sans relâche,
se passe de tout commentaire. C’est pourtant sur lui, en même
temps que sur des suppositions gratuites et sur des identités
abusives (" national " pour " nationaliste "),
que repose l’argumentation du plénipotentiaire franquiste.
Une argumentation qui semblerait incomplète sans le traditionnel
paragraphe sur le " mystère " de la mort de Lorca
et son " exploitation " par les " lucifers internationaux
de l’infamie et de la tergiversation ". Entendons par
là les ennemis du régime établi par le "
Caudillo ", et plus spécialement les " rouges ",
républicains et libéraux de toute tendance; on connaît
le refrain, lancé officiellement dans les pages de l’ABC
du 5 décembre 1948, par " esa síntesis del lugar
común y la algarabía pedantesca que se llama José
María Pemán - bufón ilustrado de dictadores
- ... ". Selon ce dernier et tous ceux qui, défenseurs
du régime, lui ont emboîté le pas, Lorca serait
tombé, victime d’une erreur due à la confusion
des premières heures du coup d’état militaire,
ou d’une vengeance personnelle. Et ce n’est pas tout:
faisant preuve d’une générosité dont
se flatte Giménez Caballero, lui et ses amis, prévoyant
la suite des événements, laissèrent partir
" son inexistant cadavre.., car, s’il n’en avait
pas été ainsi, le monde aurait-il découvert
Federico ? Le pleurerait-on encore de cette façon, trente
ans après sa mort ? ". Qu’il me soit permis de
répondre en donnant la parole à Dámaso Alonso,
actuel directeur de la Real Academia Española, qui, parlant
des tournées de conférences de Lorca, disait:
El éxito va con él a todas partes... Ya no sólo
la España peninsular... Había ya conquistado... los
medios poéticos de Cuba; ahora es Buenos Aires quien aclama
su teatro....
Par ailleurs, les intellectuels, les artistes, les personnalités
de toute nationalité qui connaissaient Lorca et ses œuvres,
avant même qu’elles ne fussent imprimées, étaient
légion. Et, dès 1935, certains hispanistes et amis
du poète traduisaient, pour le public de langue française,
le Romancero gitano sous le titre de Chansons gitanes, précédés
d’ailleurs par des tentatives isolées en langue anglaise.
Que la mort tragique du poète ait contribué, par un
choc bien compréhensible, à la diffusion accélérée
de son nom et de son œuvre, qui en douterait ? Mais de là
à affirmer que, sans elle, Lorca serait resté un inconnu...
En réalité, Giménez Caballero a attendu la
fin de sa diatribe pour cracher son venin. Et il n’est pas
difficile, en lisant entre les lignes, de voir à quel point
il " aime " Lorca. Son nationalisme exacerbé, et
sa sœur jumelle la xénophobie, apparaissent au grand
jour dans sa comparaison entre le poète grenadin et... Bartolomé
de las Casas - le défenseur des Indiens d’Amérique
contre les abus des conquistadores espagnols - qu’il accuse
d’avoir, tout comme Lorca, servi de drapeau aux ennemis de
la grandeur espagnole. Et de tout faire retomber sur ces "
antiespagnols " qui, " plus scélérats que
ceux-là mêmes qui l’enterrèrent ",
ont traîné le cadavre du poète depuis trente
ans. Sans commentaire...
Puis, c’est enfin la pirouette finale, la conclusion qui s’impose
(!?): " L’heure est arrivée de conduire ses restes
- si nous les retrouvons un jour - ... à la vallée
de nos morts... Près de José Antonio. Et près
des meilleurs camarades de l’un et l’autre bord. Aujourd’hui,
à nouveau, frères ". Suffit-il donc d’être
mort pour ne plus faire partie des " antiespagnols scélérats
", et venir ainsi, à son corps défendant, grossir
les rangs du fascisme ? Car c’est bien à cela qu’en
est réduit aujourd’hui ce régime aux abois:
au prosélytisme le plus bas, le plus abject, le racolage
des cadavres.
Mais il est des morts difficiles à bâillonner; leur
œuvre parle pour eux et protège leur intégrité
contre toutes les infamies. Federico García Lorca est de
ceux-là:
Quiero dormir un rato,
un rato, un minuto, un siglo;
pero que todos sepan que no he muerto... .
Je veux dormir un instant,
un instant, une minute, un siècle;
mais que tous sachent bien que je ne suis pas mort...
|
|